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CARCASSONE (FRANCIA)
22 y 23 de Agosto de 2009.
Nos vamos a Francia!!
A algunos les sonará esta salida, ya que hace justo un año fuimos 18 socios, en 9 Harleys que participamos en ella; el destino fue el mismo, pero ésta fue bien diferente. Para empezar, éramos 47 socios rodando sobre 24 Harleys, con lo que esta vez hicimos un poco más de ruido. También, dejamos a un lado los châteaus (el año anterior visitamos el castillo de Puivert y ya somos archiconocidos por el HD que hicimos en la explanada central), para pasear por las calles de Mirepoix, magnífica ciudad que, envuelta dentro de una muralla conserva, casi intacto, su aspecto medieval; con su plaza central rodeada de porches de madera y su esplendorosa catedral. También volvimos a pasear por las calles empedradas de Carcassone, y también conocimos algunos misterios más de Rennes le Châteuau, que relacionan el lugar con el santo grial.
Salimos el sábado por la mañana muy temprano (a las 7:30h anunciaban nuestros road book) y, una vez tomamos la AP7 en Granollers, enfilamos la autopista directos a Perpignan. La moto escoba, con la fotógrafa y editora a bordo, tuvo un “pequeño percance” en Girona (y tuvieron que volver a casa a por un casco en condiciones!), con lo que la narración de nuestra salida da un salto gigantesco hasta L'Hostellerie de L'Evêché, en Âlet les Bains, donde nos alojamos y degustamos unas deliciosas cassolettes (qué mejor que empezar conociendo la gastronomía del país, no?). Comimos en el encantador jardín (los de la moto del “percance” llegamos justo a tiempo) y una vez acabamos con el pato, las ensaladas, las patatas, las cassolettes, los pastelillos y los acompañamientos, nos retiramos a descansar a nuestros aposentos. No más de 10 minutos. La agenda, como siempre, estaba muy apretada y debíamos visitar un lugar enigmático antes de llegar a Carcassone.
Nuestro primer destino; “sobre lo alto de una colina, es un lugar solitario, ardiente bajo el sol en verano y azotado por fríos vientos en invierno. Su situación dominante sobre el resto de la comarca es la única razón posible de que haya sido habitado desde la más remota antigüedad. Su castillo es mudo testigo de pasadas grandezas. La visión de las cumbres nevadas de los Pirineos la única compensación a las dificultades de vivir en lugar tan inaccesible. Incluso la moderna carretera se hace tediosa al ascender del valle a la cima. Vista de lejos, la población parece aislada del resto del mundo, un lugar olvidado por el tiempo” (chulo, eh?!). También dicen que el lugar sirvió de inspiración a Dan Brown para escribir su polémica novela, El código Da Vinci. Paseamos, charlamos y nos divertimos un rato inspeccionando el lugar y, una vez conseguimos hacer una estupenda foto de grupo con un imponente telón de fondo, montamos en nuestras Harleys y nos dirigimos a Carcassone.
Una vez logramos aparcar en la puerta principal, entramos a la ciudad medieval (si alguna vez queréis ir, vosotros tirad recto, todo recto, como si os pasarais de largo.. es un buen consejo!). Allí nos desperdigamos y nos reagrupamos en pequeños subgrupos (recordad que éramos 47!!), practicando a nuestras anchas el libre albedrío. Y así fuimos paseando, bebiendo y comiendo por las calles empedradas de la ciudad, disfrutando de la compañía, el ambiente y el encanto del lugar. Hubo lío con la vuelta al hotel y unos cuantos nos quedamos atrás, pero todos llegamos, y descansamos.
El domingo temprano, después de desayunar en el buffet libre del hotel, nos dirigimos a Mirepoix, una antigua bastida medieval donde, a parte de mirar tiendas y conocer un poco esta encantadora ciudad y su catedral, tomamos algo en una de las terrazas porticadas que envolvían la plaza central. De allí emprendimos el viaje de vuelta por carreteras serpenteantes y sinuosas que nos llevaron, montaña arriba, montaña abajo, por una fascinante ruta hasta llegar a Puigcerdà atravesando el Pirineo. A medio camino paramos un rato, todos en fila, al borde de la carretera para reponer aceite y fuerzas. Eran poco antes de las cinco de la tarde cuando conseguimos sentarnos a comer en un acogedor restaurante cercano al Túnel del Cadí. Tardaron mucho en servirnos y salíamos de allí pasadas las 7, pero teniendo en cuenta la hora y el grueso del grupo, se comportaron genial con nosotros y nos dieron de comer estupendamente.
Aún quedaban más de 150 kilómetros hasta volver a casa y, unos en grupo y el resto gradualmente, fuimos bajando por la C-16, pasando por Manresa, hasta llegar ya, un poco tarde, a nuestros destinos y, finalizando así, estas des courtes vacances.
Nota del autor. Éste es mi último relato como editora y mis últimas imágenes como fotógrafa del Maresme Chapter, así que sólo me queda deciros que espero las hayáis disfrutado!!
Cristina Martínez
